miércoles 2 de julio de 2008

EL TIEMPO NO PARA

Foxy corre muy de prisa para llegar a su madriguera antes que amanezca. Una vez más el pequeño Foxy, mientras recolectaba alacranes y escorpiones para la cena, había dejado transcurrir horas y horas pensando en su glorioso futuro.

Cuando por fin llega exhausto a su vivienda, justo antes de que el sol despliegue sus abrasivos rayos, su mamá lo reprime por ser tan descuidado y no respetar las reglas elementales de supervivencia en el Sahara. Foxy, resta importancia a los retos de su madre, y con aire de quien lo sabe todo, murmura: “no tiene idea de lo importante que algún día seré”.

Ya es el mes de enero, y como todos los años Foxy con sus amigos Pangolín y Naja, se resguardan bajo la sombra de una palmera datilera desde donde pueden ver el paso de los camiones, autos y motos que surcan año tras año el desierto hasta llegar al Lago Rosa.

De pronto, justo frente a ellos, se detiene un auto al cual se le había pinchado un neumático. Foxy, ve la oportunidad que tanto estaba esperando, se escondería el la cajuela del vehículo y de esa manera podría conocer el mundo.

Cuando cobra el suficiente coraje se lanza rumbo a su destino, pero Pangolín lo sujeta firmemente de la cola y le dice:

_ ¿Te volviste loco?

Foxy le responde:

_ No lo que sucede es que me voy a conocer el mundo, o te piensas que voy a permanecer en Túnez como un zorro gris del desierto cualquiera; la vida tiene que ser algo más que arena, palmeras y alacranes.

Pero cuando menos se lo esperan, mientras discutían, el auto reanuda su marcha y nuestro pequeño amigo se queda sin su ansiado pasaporte.

Naja, que hasta ese momento permanecía en silencio como desbordada por la situación, le advierte que ellos son animales del desierto y que como tales su lugar es ése y no otro.

Hoy es 2 de enero, y como año tras año, nuestro vetusto amigo se esconde debajo de la misma palmera para ver pasar el rally; con la esperanza de que se le presente otra oportunidad.


José Carlos Arismendes Robatti
(02-01-1999)